VILLA DE REYES ENTRE ESCÁNDALOS, ABUSOS Y UN GOBIERNO QUE NO DESPEGA
Cuando Ismael Hernández Martínez asumió la presidencia municipal de Villa de Reyes, la población depositó esperanzas en un gobierno que prometía dinamismo y resultados. Sin embargo, esas expectativas se han visto erosionadas por decisiones cuestionables, escándalos reiterados y un manejo del poder que muchos califican de improvisado. Desde su campaña, Hernández Martínez se ha colgado en la imagen de la ex alcaldesa Erika Irazema Briones Pérez, estrategia que logró captar atención mediática pero que ahora lo único que refleja es que “le quedó grande la yegua”. Hoy, el municipio se enfrenta a una percepción ciudadana de desorden y desconfianza.
La seguridad pública ha sido uno de los mayores puntos débiles de este gobierno. En junio del año pasado, la detención del entonces director de Seguridad Pública, Carlos N., encendió las alarmas por colaborar con grupos delictivos de Guanajuato, obstruyendo operativos de la Guardia Civil Estatal. Además, fue encontrado en posesión de clonazepam y metanfetamina, lo que derivó en su vinculación a proceso por narcomenudeo, obstrucción de la seguridad pública, vigilancia ilícita y “deslealtad al cargo”. La reacción del alcalde fue polémica, pues justificó la situación como un uso de medicamentos recetados para dormir, versión que pronto fue desmentida. Este episodio evidenció que, para Hernández Martínez, proteger la imagen de su gobierno parecía más importante que garantizar justicia y seguridad a la población.
Los problemas con la policía continuaron. En un hecho que generó indignación en redes sociales, elementos municipales detuvieron a una persona en estado inconveniente que montaba un caballo, trasladando al animal de manera violenta y causando daño físico. Apenas unos meses después, en septiembre, circuló un vídeo en el que se observaba a jinetes golpeándose con un gallo en el municipio, sin intervención alguna de las autoridades, como ha sucedido con diversas peleas de gallos. Estos incidentes reflejan un patrón de una policía desorganizada y un alcalde que parece tolerar prácticas violentas y poco éticas, generando una percepción de impunidad en la ciudadanía.
Otro escándalo que sacudió a Villa de Reyes fue la filtración de un audio del alcalde admitiendo que había suspendido el suministro de agua “a manera de castigo”. La revelación provocó indignación generalizada, pues vecinos denunciaron la violación de un derecho fundamental y exigieron el restablecimiento inmediato del servicio. La situación fue tan grave que el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría General de Gobierno, intervino para exigir explicaciones y recordar al edil sus obligaciones como autoridad. Este episodio dejó en evidencia la arbitrariedad y la falta de sensibilidad social del gobierno municipal, mientras minaba la confianza ciudadana en la administración.
Además, la transparencia de la gestión ha sido cuestionada. Para 2025, Villa de Reyes presupuestó alrededor de 450 mil pesos para las actividades del Primer Informe de Gobierno, sin detallar en qué se invertirían estos recursos ni presentar un desglose claro de los gastos. Esto genera dudas sobre la rendición de cuentas y evidencia que, en ocasiones, el gasto público ha priorizado la promoción de la imagen de la administración sobre la atención a necesidades concretas de la población.
En conjunto, Villa de Reyes transita por un periodo de incertidumbre, marcado por la falta de liderazgo, la opacidad en el manejo de recursos y una policía municipal en constante polémica. La administración de Hernández Martínez parece más preocupada por cuidar su imagen que por resolver problemas estructurales, dejando a la ciudadanía en una posición de desconfianza y frustración.
