EL NIETO DE LUCHA VILLA Y SU DESAPARICIÓN FINGIDA EN SLP
La localización de Ismael Esqueda Miller en San Juan de los Lagos, Jalisco, puso fin a varios días de alarma pública en San Luis Potosí, pero abrió otro frente de discusión con el uso y posible abuso de los mecanismos de búsqueda para una ausencia que, todo indica, fue voluntaria.
La emisión de una ficha oficial y la activación de corporaciones estatales y federales generaron un clima de preocupación legítima entre la ciudadanía, que asumió un posible delito. Sin embargo, el desenlace dejó claro que no existió tal riesgo, sino una salida planeada para evadir conflictos personales.
Fuentes cercanas al caso señalan que Esqueda Miller arrastraba problemas financieros derivados de apuestas, así como un cuadro clínico de depresión tratado con medicamentos controlados. A ello se sumaron episodios de paranoia que habrían influido en su decisión de abandonar el estado sin notificar a su entorno.
Este tipo de episodios no solo generan desgaste institucional, también erosionan la credibilidad de los protocolos de búsqueda y banalizan una tragedia. La línea entre una desaparición forzada y una huida personal no puede seguir difuminándose sin consecuencias.
Hasta ahora, las autoridades no han informado si habrá algún tipo de responsabilidad por el uso de recursos públicos en este operativo. Lo cierto es que el caso deja una lección incómoda: cuando todo se busca, incluso lo que no está perdido, las desapariciones que sí importan corren el riesgo de quedar en segundo plano.
