marzo 7, 2026

UASLP, NIDO DE AGRESORES BAJO LA PROTECCIÓN DEL RECTOR

Una exalumna de la UASLP denunció formalmente a un profesor por presunta agresión física con arma blanca, un caso que evidencia la alarmante impunidad que reina en la universidad potosina. La joven presentó la queja ante la Fiscalía General del Estado y ante la Defensoría de los Derechos Universitarios, pero hasta ahora las respuestas han sido tibias y poco claras.

El docente señalado, identificado como César Gabriel N., continúa bajo el manto institucional sin que se confirme si permanece activo o impartiendo clases. La universidad ha evitado brindar información concreta sobre su adscripción, generando confusión sobre si pertenece a la Facultad de Ciencias o a Ciencias de la Comunicación.

Mientras tanto, circulan imágenes relacionadas con la denunciante entre grupos universitarios, parte de los elementos presentados ante las autoridades, aunque la UASLP no ha aclarado oficialmente las circunstancias exactas del incidente. La falta de transparencia refleja la tendencia histórica de la institución a proteger a los agresores en lugar de respaldar a las víctimas.

Los miembros de la comunidad universitaria advierten sobre posibles manifestaciones ante la ausencia de medidas de justicia. La demora y la indefinición de la UASLP alimentan la indignación y el temor de quienes confían en un sistema que debería garantizar seguridad y respeto dentro del campus.

El comunicado oficial de la universidad evita confrontar el problema de fondo: reconoce la existencia de la denuncia, pero insiste en que los hechos habrían ocurrido fuera del ámbito universitario, reforzando un discurso de neutralidad que prioriza la imagen institucional por encima de la protección de las personas afectadas.

Bajo la rectoría de Alejandro Zermeño Guerra, la universidad muestra una preocupante inclinación a dar prioridad a los perfiles denunciados, consolidando un entorno donde la impunidad se normaliza y las víctimas se sienten desprotegidas. La comunidad exige claridad, justicia y la ruptura de un patrón que convierte a la UASLP en un nido de agresores amparados.