UASLP reporta éxito en admisión, pero miles de aspirantes quedan fuera
La Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) presentó como exitoso su proceso de admisión 2026, aunque las cifras oficiales revelan que miles de jóvenes no lograron un lugar, lo que evidencia la limitada capacidad de la institución para atender la creciente demanda educativa.
El rector Alejandro Zermeño Guerra calificó con optimismo los resultados al destacar que 14 mil 121 aspirantes presentaron examen, con un promedio general de 6.7. Además, resaltó que el mejor promedio de ingreso correspondió a la carrera de Física con 8.4 y que todos los aceptados en Medicina obtuvieron calificaciones aprobatorias. Sin embargo, el discurso institucional contrasta con la realidad de miles de familias que no ven motivo de celebración.
De acuerdo con las cifras proporcionadas por la propia universidad, únicamente 7 mil 912 aspirantes lograron obtener un lugar, lo que significa que miles de jóvenes quedaron excluidos de la educación superior pública. Mientras la Rectoría habla de resultados positivos, quienes no alcanzaron un espacio enfrentan incertidumbre, gastos adicionales o incluso la posibilidad de abandonar sus estudios.
Otro aspecto que ha generado cuestionamientos es la diferencia en las cifras oficiales. Semanas atrás, la institución informó que eran 15 mil 097 los aspirantes interesados en ingresar a la UASLP; sin embargo, durante la presentación de resultados el número se redujo a 14 mil 121 sustentantes. La diferencia cercana a mil personas no fue explicada con claridad, lo que abrió dudas sobre el destino de esos registros y la consistencia de la información difundida.
Las críticas también apuntan a la falta de crecimiento en la capacidad de la máxima casa de estudios potosina. Pese a contar con un presupuesto federal y estatal superior a los 3 mil 33 millones de pesos, diversos sectores consideran que la institución mantiene una oferta educativa insuficiente frente a la demanda, sin ampliar significativamente espacios ni actualizar su infraestructura académica para responder a las necesidades de una población cada vez mayor.
A ello se suma el descontento que provoca el mensaje mostrado a quienes no fueron admitidos, invitándolos a «intentarlo nuevamente el próximo ciclo». Para miles de aspirantes, esa frase resulta distante de la realidad, pues detrás del examen existen meses de preparación, gastos familiares y proyectos personales que, al no conseguir un lugar, quedan suspendidos. Más que una respuesta institucional, para muchos representa una muestra de la poca sensibilidad con la que la universidad enfrenta un problema que año tras año se repite sin soluciones de fondo.
