julio 21, 2026

Desabasto de bupropión en San Luis Potosí: pacientes enfrentan escasez tras nueva regulación federal

La nueva clasificación sanitaria del bupropión, un antidepresivo de uso común, entró en vigor en julio pasado, pero la falta de una estrategia de transición ha provocado escasez en farmacias públicas y privadas en San Luis Potosí y otras regiones del país, comprometiendo el bienestar de quienes dependen de este medicamento.

El cambio en la regulación del bupropión exhibió una falta de previsión por parte del Gobierno Federal, debido a que, mientras se endurecieron los controles para la adquisición de este fármaco utilizado por pacientes con padecimientos de salud mental, no se implementó una estrategia clara para garantizar su abasto durante la transición, dejando a miles de personas en incertidumbre.

El pasado 14 de julio entraron en vigor las nuevas disposiciones sanitarias que modificaron el esquema de venta del bupropión, al incorporarlo a un régimen de mayor vigilancia y establecer la obligación de presentar receta médica para su adquisición. La medida fue anunciada meses antes por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) como parte de un proceso de control sobre determinados medicamentos.

Sin embargo, el problema que enfrentan los pacientes no se limitó a un nuevo requisito administrativo. Desde junio, usuarios comenzaron a reportar que el medicamento desapareció de farmacias de distintas cadenas, donde las respuestas dejaron de ser una simple solicitud de receta y se transformaron en una negativa por falta de existencia del producto.

En San Luis Potosí, pacientes han recorrido establecimientos como Farmacias Benavides, Guadalajara, del Ahorro, Similares y otras cadenas en busca de distintas presentaciones comerciales sin éxito. Marcas como Bipitrek, Tempus Pharma, Wellbutrin, Aurax y Ravep LP dejaron de encontrarse con regularidad, generando preocupación entre quienes requieren una caja mensual para continuar su tratamiento.

La situación es especialmente delicada porque el bupropión no es un medicamento que pueda sustituirse, reducirse o suspenderse sin valoración médica. Utilizado principalmente para tratar la depresión y otros padecimientos específicos, forma parte del tratamiento de personas cuya estabilidad emocional depende de mantener una continuidad farmacológica adecuada.

El impacto, además, no solo se presenta en el sector privado. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) arrastra desde hace años una crisis nacional de salud, con problemas de abasto de medicamentos, incluidos tratamientos psiquiátricos y antidepresivos, situación que deja a pacientes sin opciones cuando tampoco pueden conseguir el medicamento por cuenta propia.

Para quienes sí logran encontrar alternativas, el costo representa otro obstáculo. Antes del cambio regulatorio, pacientes reportaban adquirir el bupropión en precios que iban aproximadamente de 400 a mil 200 pesos por caja. Actualmente, ante la escasez, algunos han recurrido a presentaciones importadas de Estados Unidos cuyo costo puede superar los dos mil pesos mensuales.

Uno de los puntos que genera dudas es la aparición de versiones americanas del medicamento en establecimientos que no forman parte de las grandes cadenas farmacéuticas. Mientras el producto nacional dejó de encontrarse, algunos negocios ofrecen presentaciones extranjeras a precios abusivos, lo que abre interrogantes sobre su procedencia, permisos sanitarios, trazabilidad y las condiciones bajo las cuales pueden ser comercializadas en México.

Es necesario que las autoridades sanitarias expliquen si esas presentaciones cuentan con todos los registros, autorizaciones y controles correspondientes, especialmente cuando se convierten en la única alternativa disponible para personas que necesitan continuar un tratamiento.

A esta problemática se suma la respuesta de algunos especialistas. Pacientes han señalado que, al informar a sus psiquiatras sobre la imposibilidad de conseguir bupropión, han recibido negativas para modificar el tratamiento o buscar alternativas terapéuticas, pese a la falta de disponibilidad del medicamento. Incluso algunos usuarios refieren que ciertos médicos los canalizan hacia lugares donde pueden conseguir presentaciones importadas, situación que genera inconformidad y exige mayor transparencia.

El caso plantea cuestionamientos sobre la planeación de la política sanitaria federal. Una modificación regulatoria de esta magnitud requería una estrategia previa que contemplara inventarios suficientes, coordinación con laboratorios, distribuidores, farmacias y médicos, así como mecanismos de apoyo para pacientes que no pudieran acceder al medicamento.

Hasta ahora, persisten dudas sobre qué provocó realmente el desabasto: si se trató de una falla en la distribución, problemas de producción, ajustes regulatorios, afectaciones en compras públicas o una combinación de factores. Sin embargo, el resultado son pacientes que antes conseguían su tratamiento y hoy enfrentan dificultades para adquirirlo.

El bupropión actúa sobre sustancias como la dopamina y la noradrenalina, y su uso requiere seguimiento médico. Para quienes dependen de él, la falta de acceso no representa únicamente un inconveniente administrativo, sino una amenaza a su estabilidad y una presión económica adicional para sus familias.

La pregunta central es por qué el Gobierno Federal implementó un nuevo esquema de control sanitario sin presentar una hoja de ruta que garantizara el suministro del medicamento. La regulación buscaba fortalecer la vigilancia, pero la falta de planeación terminó trasladando el costo de la transición a los pacientes, cuando deberían ser los menos afectados.

Mientras las autoridades no transparenten las medidas adoptadas para evitar el desabasto, quienes necesitan bupropión continuarán enfrentando una situación donde conseguir una caja mensual con 30 pastillas implica recorrer farmacias, asumir gastos mayores o arriesgar la continuidad de un tratamiento del que depende su salud mental.